• Eucaristía celebrada en la Obra Social Santa Lluïsa de Marillac

Tiempo para el recuerdo y la memoria agradecida

04 12 2019

“Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora” sal 129

La plaza de la Catedral de Barcelona se convirtió en lugar de recuerdo de quienes muchas veces son invisibles en nuestras ciudades. El pasado 30 de octubre diferentes asociaciones que trabajamos con personas en riesgo de exclusión recordamos, en un acto, a 56 personas que vivían o habían vivido en la calle y murieron durante los últimos doce meses.

De una forma más discreta, desde la Obra Social Santa Lluïsa de Marillac, el 14 de noviembre, todos los que formamos parte de esta obra (voluntarios, profesionales, hermanas, señores que acompañamos) lo celebramos de manera muy especial con una Eucaristía. Quisimos recordar de forma agradecida a las personas que han formado parte de nuestra vida, de la Obra Social, y que durante este año habían fallecido.

Durante toda la semana y en los diferentes talleres que se realizaron se repartieron unas flores, que con mucho cariño había estado recortando Vicente, uno de los señores que ha fallecido este año. A estas flores fuimos añadiéndoles nombres de personas que teníamos en el corazón y que queríamos recordar de forma especial. Y con todas ellas, mientras cantábamos, “en mi debilidad, me haces fuerte, sólo en tu amor me haces fuerte, solo en tu vida me haces fuerte, en mi debilidad, te haces fuerte en mí” formamos un precioso ramo durante el ofertorio de la Eucaristía.

Ramo de flores con los nombres de las personas en condición de sin techo fallecidos en Barcelona

 

Fue un acto lleno de emoción, por tener la oportunidad de celebrar todos juntos y agradecer la vida de aquellos que ya están con el padre y un día formaron parte de nosotros. Salvador, Cecilio, Vicente, Rafael, Bambo, Francisco, Fatah, Abdeslam, Rafael, Lluis, Serhi e Iqbal; que ya Dios les ha llenado de su amor y gozan de la plenitud de la vida con Jesús resucitado.

Todo el que asistió a la Eucaristía pudo sentir cerca el calor de familia que se vivió y así lo fueron expresando en la medida que se fueron despidiendo. Calor agradecido lleno de recuerdos por aquellos que nos preceden en el Reino de los cielos.